jueves, 8 de febrero de 2018

La farsa electoral y el llamado al boicot




No cabe duda que el canto de las sirenas tiene absolutamente encandilados a los sectores más “representativos” de la oposición legal del régimen.

Y es que justamente en estos tiempos de falsas coyunturas electorales, donde las distintas facciones de la burguesía se disputan la gerencia en turno del viejo estado, los partidos, los candidatos, las alianzas, los frentes y toda la retahíla de “plataformas” electoreras que se hacen promoción a costa del sufrimiento, el hambre y la miseria del pueblo trabajador, se encuentran precisamente “más metidos” en su rollito de registros, pre-candidaturas y candidaturas, que en el análisis del desenvolvimiento real y práctico de las relaciones de producción y las contradicciones sociales que de ellas se desprenden.

Esto lo decimos justamente a propósito del oportunismo y el revisionismo, que en su irrenunciable práctica de colaboracionismo de clase y cretinismo parlamentario están totalmente comprometidos en la tarea de arrojar tierra a los ojos del pueblo con las vanas ilusiones de un proceso electoral antidemocrático y antipopular que a los trabajadores y los pueblos nos resulta enteramente ajeno.

¿Qué fue de aquellos teóricos y eruditos estudiosos de Marx (no marxistas) que solían llenar montones de papel con tinta en una crítica libresca pero constante hacia el capitalismo?

¿Qué fue de aquellos archi-implacables ácratas y socialistas utópicos (para quienes la utopía era acto de fe) que solían llamar a la acción directa y la desobediencia ante el estado?

Desafortunadamente ambos se encuentran concentradísimos en el proceso electoral; ya sea rellenando formularios y haciendo colas para el registro de sus precandidatos, o bien, requisitando firmas en aplicaciones electrónicas inservibles e imposibles para cuantificar el creciente hartazgo y descontento social entre las capas más profundas de la población.

Pero en el momento que estos señores (marxiólogos y altermundistas) tengan la posibilidad de tomarse un respiro, beber un café y leer las noticias, seguramente se sorprenderán con dos datos totalmente importantes.

El primero de ellos, es que esta elección en particular -a la que ambos como buenos socialdemócratas (desde diversas plataformas y pretextos) han decidido legitimar con su lacayuna participación electorera-, es una de las más costosas en la historia de la farsa electoral en México, y tendrá un costo de 37, 857 mil millones de pesos, con un costo promedio de $205.00 por voto (léase por habitante en edad de votar), con un aumento del 24% del presupuesto público (comparado con las elecciones del 2012) para “engordar” la democracia burguesa en decadencia.

El segundo de ellos, la militarización del país y de su economía; donde si bien el gasto social ha sido reducido en áreas estratégicas como salud, educación, alimentación, etc. para inflar las elecciones, el recorte al gasto social también se da en aras del endurecimiento del régimen, principalmente después de la aprobación de la Ley de Seguridad Interior y la declaratoria de las Zonas Económicas Especiales en territorios como el Istmo de Tehuantepec, donde el presupuesto se concentra cada vez más en el aparato represivo del viejo estado para frenar y contener el movimiento popular y la oposición al régimen. En ese sentido, el presupuesto destinado para la “Defensa Nacional” (de aproximadamente 13,500 millones de pesos) estará siendo destinado entre las Secretarías de Marina, Defensa Nacional y Gobernación para materializar la militarización del país, así como la criminalización y persecución de la protesta social.

Seguramente con su rostro de enfado y sosteniendo el banderín de su predilección, los de la “izquierda legal” dirán: “Eso no es nada nuevo… ya lo teníamos contemplado… no contaban con mi astucia”.

Pero en realidad, los discursos y las “tácticas coyunturales” del oportunismo y el revisionismo no tienen la capacidad de establecer una política clasista y revolucionaria para la organización y la lucha del proletariado y las masas populares en la perspectiva de la transformación revolucionaria de la sociedad. De hecho, no les interesa hacerlo.

Sin embargo, es claro que el renunciar al análisis y al programa histórico de la revolución proletaria constituye un error impensable para quienes reivindicamos la lucha por el socialismo y el comunismo. Pesamos justamente que todo nuestro accionar, toda nuestra táctica, tiene que estar enteramente supeditada a ello; de lo contrario no sería más que una vana ilusión.

Como revolucionarios entendemos que toda nuestra lucha debe ser para la toma del poder, para el ejercicio del poder, para la construcción y edificación de un nuevo poder. ¡Salvo el poder, todo es ilusión! Así lo dicen nuestras consignas, nuestras banderas y nuestro programa de lucha.

Desde esa óptica, nosotros vemos muy distinto el escenario actual.

Por un lado, el proceso electoral no representa ninguna coyuntura de nada, ni pone en peligro (ni siquiera un poquito) al capitalismo burocrático, los latifundios o el imperialismo. Ninguno de los candidatos, partidos, coaliciones, frentes, plataformas, pretextos, etc. pone en jaque al sistema ni mejora la “correlación de fuerzas” en la perspectiva de un cambio democrático a favor del pueblo.

Tampoco vemos (a diferencia de otros momentos de la historia reciente como lo fue en el 2012 la Convención Nacional contra la Imposición y el movimiento juvenil-estudiantil #YoSoy132) a las grandes masas manifestar de antemano la defensa de la voluntad popular (como un pueblo que quiere votar y defender en las calles su voto contra el fraude), porque es claro que la democracia burguesa se ha desgastado cada vez más entre el pueblo, y el abstencionismo crece como fenómeno característico del hartazgo y el desencanto hacia la farsa electoral.

Es decir: entre las capas más amplias y profundas de la población, el rechazo al dominio que ha desarrollado el capitalismo burocrático en lo formal, continúa creciendo; mientras que paralelamente las válvulas de escape del régimen, como lo son los partidos y las plataformas socialdemócratas (cada vez más derechizadas) van perdiendo peso mientras escala de igual forma el repudio a la derecha y al conjunto de los partidos y candidatos electoreros.

Solo los necios colaboracionistas y cretino-parlamentarios pueden pretender al interior del movimiento popular insistir en el llamado “voto crítico” en favor de una de las facciones de la burguesía. Solo estos mismos necios, pero con careta distinta, pueden engañarse a sí mismos pensando que las elecciones son “una forma de lucha” que sirve para evidenciar o desenmascarar a un régimen de rostro sanguinolento y reaccionario como este.

Si esto fuera cierto, si acaso existiera un remoto escenario donde una pequeña pero verdaderamente significativa posibilidad de que el pueblo participara electoralmente para consolidar una alternativa de gobierno y sociedad distinta a la actual, los llamados “poderes de la unión” (léase el viejo estado) ya le hubieran declarado ilegal o inexistente. Ya hubiese sido declarado cancelado, invalidado o suspendido el proceso electoral y por supuesto, terminado de militarizar el país.

Máxime teniendo como vecino a una de las súper potencias imperialistas como lo es Estados Unidos.

Por ello, en términos de la táctica para el presente periodo de lucha de clases, los revolucionarios podemos concluir:

Que bajo las condiciones específicas del capitalismo burocrático, con un estado burgués-terrateniente al servicio del imperialismo, particularmente el Yanqui, no existen condiciones reales y objetivas de llamar al pueblo a votar por algún candidato o partido, pues ninguno es capaz de representar una alternativa real para el cambio de régimen.

Que desde esta tesitura, la única conducta acertada para el proletariado y sus aliados naturales en el marco del proceso electoral, es la del llamado al Boicot, generando las condiciones materiales y subjetivas necesarias para llevarlo a cabo según las condiciones que la lucha de clases nos presenta de manera desigual en cada área o rincón del país.

Trabajar por constituir un auténtico Frente Único de masas revolucionarias en la perspectiva del poder y la defensa de los derechos del pueblo es fundamental. Un Frente de clases democráticas, progresistas y revolucionarias encabezado por el proletariado y el campesinado pobre, no para las elecciones o la lucha reivindicativa, sino para desarrollar la lucha política en función del poder.

Tales son las tareas del presente periodo, sin olvidar la perspectiva de desarrollar la Revolución de Nueva Democracia y la Revolución Proletaria hacia el Socialismo en México.


¡No votar, organizarse y luchar!

¡Con el Sol Rojo, el pueblo vencerá!
¡Que los trabajadores gobiernen la patria!

CORRIENTE DEL PUEBLO SOL ROJO

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